La última década de nuestras vidas es una época incierta que inevitablemente me ha ido arrastrando (junto con una minoría que desconozco) al escepticismo como fundamento. La gran masa de información que nos inunda desde los medios, desde las redes, es un reflujo del que prácticamente nadie escapa. Sin contrastar, sin preguntar, sólo bebemos del tsunami de datos que no decrece. El cual, no sólo no calma la sed de información reinante, si no que además amenaza a la libertad llenándonos de "noticias falsas, bulos y manipulaciones que de forma masiva, constante e implacable inundan las redes sociales y las vías de comunicación" con las que los ciudadanos conforman su criterio (Manifiesto de la APM ‘por un periodismo libre, veraz e independiente’). Para añadir más complejidad al asunto, aparecen estrategias políticas para “prohibir la mentira”. Cualquiera que se nombra a sí mismo valedor de lo que es verdad o no, contribuye a la merma de libertades ciudadanas.


¿Cómo sentirse libre cuando vemos la vida a través del filtro que otro decide por nosotros? No ves los anuncios que quieres, no compartes lo que te gusta, en las redes no encuentras lo que buscas, o quizás ni siquiera sabes qué buscas...


Se busca una experiencia auténtica, verdadera, que no sea una puesta
en escena. Se busca lo realmente “real”. O, por lo menos, algo que así
“lo parezca”. (...) nuestro ambiente tan mediatizado va de la mano de
las distintas formas de "realismo sucio" que hoy están en boga. Internet
es un escenario privilegiado de este movimiento, con su proliferación
de confesiones reveladas por un yo que insiste en mostrarse siempre
real.
(...) En una época tan arrasada por las inseguridades como fascinada
por los simulacros y la espectacularización de todo cuanto es, nociones
otrora más sólidas como “realidad” y “ verdad” se han estremecido
seriamente (La intimidad como espectáculo. Sibilia Paula. Pág 221-225).


Lo real ha pasado a ser una ficción cuidada, asumida y perfectamente integrada. Los actores de “lo real” interpretan su papel sin ni siquiera saber que lo hacen. ¿Cómo encontrar entonces un camino hacia lo verdaderamente real? (la carrera infinita hacia una meta inalcanzable es precisamente lo que impulsa la investigación científica y estimula nuestra sed de conocimiento).
Para mí es un camino que me lleva a volcarme en mi interior, a trabajar en soledad sobre lo que considero real. Y lo hago de la única manera que sé, a través del proceso, ofreciendo mi mente a la profundización de las ideas, ofreciendo mi cuerpo al tiempo, a la repetición, el ritmo y la experiencia vivida.
De esta manera encontré en las matemáticas un refugio. Esta invención del hombre que cuadra a la perfección con nuestro modo d e percibir lo que nos rodea, consigue describir lo que ocurre en nuestro planeta y fuera de él. Me sumerjo en este mundo huyendo del resto, una misión subacuática cuando me es cada vez más difícil respirar el aire de la superficie. Así, desde hace casi dos años, me he visto envuelto en una investigación visual sobre los números primos...

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