Tu vida artística fluye entre dos mundos, el del tatuaje y el grabado. ¿Dirías que se influencian el uno al otro?

- La verdad es que hace no mucho, veía cada una de estas disciplinas como dos caminos diferentes de los cuales podía elegir por cuál de ellos transitar. Si quería crear algo más figurativo y con más dibujo, pintaba una lámina de flash (que son láminas con uno o varios diseños de tatuajes juntos), si por el contrario, quería ser más intuitiva y pensar en manchas de color, entonces escogía otro medio como la pintura o el grabado. Los veía como dos mundos claramente separados, pero cada vez más, siento que no hay tanta diferencia entre uno y el otro. De hecho, veo que hay pequeños puentes que unen estos dos grandes caminos, y puedo echar un vistazo rápido a ver qué es lo que sucede en el mundo del tatuaje y volver al mundo del grabado o pintura con alguna idea nueva. Esto sucede mucho con los elementos que aparecen en mi obra; recurro mucho al uso de jarrones, flores, plantas, animales o edificios, que son figuras que me gustan y me divierte dibujar. Son formas con mucha carga emocional, asociadas a diferentes ideas y puedes jugar no solo con su apariencia sino también con sus posibles significados.


- Parece que el color es un elemento central en tus piezas. ¿Por qué dirías que es?

- Sí, totalmente, y diría que es donde más disfruto. Un 50% del proceso de creación es dar con la idea, dibujar y pintar, y el otro 50% es trabajar en el color. Para una obra o una serie, lo más importante serán los colores que utilice y para ello el paso imprescindible, tanto en serigrafía como en obra original, es preparar mis tarros de colores. Para ello primero decido la paleta que usaré, y suelen ser de tres a seis tonos diferentes. Luego cocino los colores hasta dar con la tonalidad exacta y los guardo en tarros de conserva. Al final del proceso tengo dudas en si disfruto más mirando los tarros o la obra acabada.

- ¿Qué te atrae de la serigrafía?

- La serigrafía es “El Método”. Tuve la suerte de conocer esta técnica en la universidad y poder especializarme en ella. De hecho, nunca me sentí cómoda con la pintura y fue un milagro cuando descubrí que con la serigrafía no era necesario plantarme delante de un lienzo para poder crear obra plástica. El trabajo de taller y la maquinaria también son parte de su encanto. Trabajas con las manos, controlas los tiempos de emulsión, preparas las pantallas, limpias con la karcher, estampas una y otra vez, etc. Todo eso lo haces tú con tus brazos, con tus piernas y con tu hígado. Todo tú estás involucrado en el proceso. No solo trabaja tu cabeza y tu trasero está sentado en una silla, todos tus sentidos y tus órganos se mueven para crear eso. Y por supuesto, la posibilidad de reproducir una pieza tantas veces como quieras con el fin de poder venderla más accesible que una pintura original. No olvidemos que para eso se usa la serigrafía y es parte de su magia.

- En las obras que tienes expuestas en Attyck, la figura “animal” es recurrente. ¿Por qué?

- Creo que la figura animal tiene mucho poder más allá del estético, aporta a la obra algo espiritual.  Cada animal tiene una presencia diferente. Un gato te cuenta algo muy diferente a lo que te cuenta un tigre. Relacionamos a los animales con distintas energías o conceptos, por lo tanto puedo usar esas ideas para contar una historia. Pero lo mejor es que lo que yo crea de esos animales puede ser muy diferente a la idea que tú tengas de ellos. Un caballo cabalgando puede representar libertad, pero también sumisión, dependerá de quién lo mire y cómo lo mire.


- ¿Nos cuentas algo sobre alguna de las obras que tienes expuestas en la plataforma?

- Sí, de “Parrots of Barcelona” que es mi favorita de la serie Easy Afternoon. No quiere decir que las otras no me gusten, pero justo en esta creo que hay un equilibrio perfecto entre el todo y el nada. Es decir, aparentemente es muy sencilla, un color de fondo, un árbol blanco y un conjunto de manchas verdes, amarillas y rojas en el centro, pero es mucho más que eso. Primero de todo, por el azul del fondo, que es un azul que vibra y se expande. Luego por la figura blanca, que en realidad es el fondo del papel pero ha cambiado de rol y quiere ser figura. Este es un recurso con el que disfruto mucho, sobre todo en serigrafía o grabado, pensar en el papel no solo como un mero fondo, si no como un color más que quiere su protagonismo. Y luego está el elemento figurativo que son los pájaros que le aportan sonido a la imagen. Ahí están, en la copa del árbol piando al unísono, desordenados, libres, encerrados, tranquilos y nerviosos.
Esta obra y sus dos compañeras que forman la serie, son recuerdos de un parque que hay en Barcelona al final de la calle Diagonal tocando a Glorias. Era la ruta de casa al estudio. Empecé a trabajar en la serie cuando me mudé y ya no pasaba más por ese parque. Imagino que inconscientemente lo hice para cerrar esa etapa y poder recordar aquellos días con estas tres imágenes.

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