- Cuéntanos Roberto, ¿cómo empieza tu relación con el street art?


- Fue durante mis estudios de Bellas Artes. Durante esos años empecé a tener una relación más estrecha con la pintura y mis círculos de expresión empezaron a ampliarse con otras modalidades, otras técnicas, con otros recursos. Recuerdo que a finales de los años noventa y principios del dos mil, el arte urbano estaba muy de moda. Y una cosa llevó a la otra. Un poco con la idea de "salirme del clasicismo académico" empecé a experimentar con diferentes materiales no tal ligados a la pintura tradicional, uniendo en cierta manera lo tradicional con lo moderno.

- ¿Cuánto llevas pintando como street artista?


- Podría poner el punto de partida en el momento en el que empecé a pintar de una forma más seria. Este momento fue a partir del año 2012. Recuerdo con claridad, cómo acabé la carrera y en seguida busqué un trabajo. Estuve unos años trabajando como Diseñador Gráfico y aparté de mi vida la pintura. Fue en 2012, con los coletazos de la crisis del 2008, cuando me quedé sin trabajo, y en mi cabeza se produjo un click. En ese momento empecé a pintar de una forma más constante. Me gusta decir que "emprendí un viaje de búsqueda". Como durante la carrera había potenciado cierta parte de mi perfil hacia la pintura, retomarlo fue sencillo. Y el street art siempre ha estado ahi. Si es cierto que en un primer momento de este andar, estaba pictóricamente más centrado en la abstracción (y en la pintura por la pintura) pero poco a poco empecé a integrar procesos más cercanos al street art.

- ¿Qué es lo que te atrae de este tipo de disciplina?


- Desde el principio me atrajo la versatilidad absoluta que tiene esta disciplina. Versatilidad en cuanto a superficies en las que poder realizar la obra, calle, interior, etc.Versatilidad en cuanto a materiales para utilizar, spray, rotuladores, pegatinas, cartelería... La verdad es que siempre me han interesado estas capacidades para desarrollar una obra fuera de los límites convencionales del arte.

- ¿Cuáles dirías que son tus motores creativos?


- Mi forma de trabajar es bastante libre, no tengo un motor artístico específico. De hecho, podría decir que me inspira cualquier cosa. Un par de palabras en una canción pegadiza, una frase en un libro de estética o en una novela policíaca, un pensamiento que aparece en mi cabeza de repente... Podría decir que cualquier pequeña perturbación puede hacerse grande en mi cabeza y puede acabar por vertebrar una obra pictórica. Mi proceso es simple, me presento ante cada obra en blanco y me dejo fluir. Empiezo llenando con pintura el espacio de trabajo, de forma aleatoria, y luego continúo el camino escribiendo encima.

- ¿Cómo es el proceso que implica de pasar de pintar en pared en la calle a pintar en un lienzo?


- En mi caso no supone ningún problema. Como decía antes, la versatilidad que ofrece este tipo de disciplina hace que el tránsito entre los medios finales (pared - lienzo - pared) sea muy simple. Es cierto que el medio del lienzo ofrece otras posibilidades. Por su naturaleza "vandálica", llevar una disciplina como el street art a un lienzo, ofrece esa  capacidad de estar tranquilo mientras pintas. A mi, personalmente, me resulta mucho más cómodo pintar sobre tela estando tranquilo en el estudio, que sobre pared en la calle y con el stress por las nubes.

- ¿Cuáles dirías que son tus materiales favoritos para trabajar?


- Aunque pueda pertenecer a una disciplina con una vida relativamente corta, lo aprendido durante la carrera siempre me ha hecho acercarme a un soporte tradicional. Aunque a veces pinte sobre madera, metal o sobre cualquier superficie, por norma pinto sobre el medio insignia de la pintura: la tela. Generalmente pinto sin bastidor, con la tela clavada directamente sobre la pared, lo que luego me aporta, además, una solución más simple a la hora de guardar la obra. En cuanto a los materiales pictóricos que utilizo, siempre suelen ser los mismos. Utilizo materiales de toda la vida, como pueden ser el acrílico o el carboncillo, y los mezclo con materiales más actuales y también más naturales de esta disciplina street, como son el spray, los rotuladores o la tinta. Utilizo estos materiales pictóricos sobretodo porque son muy agradecidos entre ellos mismos y porque me ofrecen tiempos de secado más pequeños.

- ¿Qué es lo que te aporta cada cosa?


- A ver, cada material pictórico tiene su naturaleza. Los acrílicos por ejemplo, me aportan manchas abstractas o conseguir degradados interesantes. Con ellos consigo una plasticidad en la que me siento cómodo. Actualmente en el mercado hay tal cantidad de colores que las tonalidades que obtengo son innumerables. Es un poco similar el caso con la otra materia pictórica que utilizo de base, el spray. La utilización de sprays me da la rapidez propia del street art a la hora de pintar, así como la oportunidad de mezclar los colores obteniendo diferentes resultados pictóricos.

- ¿Dirías que hay una razón específica por la que ahora empiezas a pintar interviniendo en obra clásica?

- Aunque transite diferentes disciplinas artísticas, como pueden ser la fotografía, el video o la escritura, en la que me siento más cómodo y como un niño pequeño, es en la pintura. Mi discurso pictórico ha ido evolucionando durante estos años. He tocado temas de geometría, de repetición, de cuantificación, me he acercado a una abstracción más pura, hasta llegar a esta mezcla que hago ahora mismo de abstracción expresionista y arte urbano. Hace tiempo llegaron a mis manos pequeñas reproducciones artísticas de cuadros famosos, y como si de un chaval se tratara, empecé a pintar encima.

- ¿Por qué la Gioconda?


- La intervención de la Gioconda ha sido un acto casi fortuito. Todo debido a que un día me dio por acercarme a un Ikea a buscar mesillas de noche. La búsqueda del mueble resultó frustrante, con lo que acabé dando una vuelta como alma en pena por la zona de los cacharritos. Fue entonces cuando en la zona de los marcos y las reproducciones, vi la lámina. Fue como una epifanía. En seguida vi en mi cabeza la lámina intervenida según la línea de trabajo que me estaba empezando a interesar ahora.Tengo que decir que el proceso de intervención fue toda una montaña rusa de sensaciones. Al principio me acercaba a la obra con un respeto monumental porque en mi fuero interno, sentía que estaba cometiendo una especie de "crimen" al intervenir el retrato más universal de la historia de la humanidad. Los primeros pasos fueron muy meditados, pero poco a poco la propia lámina me empezó a hablar y todos esos muros empezaron a derrumbarse, hasta llegar a un proceso muchísimo más libre y casi loco que me ha aportado un resultado muy, pero que muy satisfactorio.

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