- ¿Cómo empezaste a hacer fotografía?


- Muchas de las biografías de fotógrafos famosos hablan de su primer contacto en la fotografía en el laboratorio. Ese momento en el que la imagen latente aparece en el papel durante el positivado de una forma mágica. De hecho, siempre pienso que es una introducción inmejorable para cualquier persona que se dedique a la imagen. Pero no, en mi caso no fue un comienzo tan prosaico. Siempre me sentí atraído por la imagen, y especialmente por la interpretación de la misma, pero no fue hasta mucho después, ya con la fotografía digital en pleno boom, cuando me sentí verdaderamente atraído. Encontraba la poesía en esas imágenes intentando encontrar un poco de la vida que transmitían los personajes. Procurando compartir, entender cómo habrían llegado hasta allí, como serían sus vidas, y como sería el instante posterior a la imagen congelada.


- ¿Y por qué sigues tirando en analógico? ¿Qué te aporta?


- La fotografía digital ha alcanzado unos niveles de perfección y nitidez insuperables, pero en paralelo, ha perdido esa pátina de misterio que rodeaba a la fotografía clásica (link a foto en byn). Supongo que es un intento de recuperar parte de esa magia. Retrasar el momento del disparo de los resultados, es separar la consecución del deseo.


- ¿Dónde encuentras la inspiración para hacer fotos? ¿Dirías que es algo más mecánico y casual de ir con la cámara y ver la foto?

- No. Contrariamente a lo que pudiera parecer, lo que me interesa es el escenario y su relación con el personaje. Como en mi serie Performance primero busco el escenario que me cuenta algo y después el personaje que lo debe ocupar. Realmente es un proceso muy lento, pero muy gratificante.


- ¿De dónde/cómo surge la serie de Lost Memories que expones en Attyck?


- Con la enfermedad de mi madre he podido observar como es la degradación de la memoria. Perder la relación con las personas que te rodean y no llegar a reconocerlas al perderlas en las brumas de la demencia y el olvido. Se trata de una representación de la sensación que deben sentir las personas al pasar por esta enfermedad. Durante la pandemia nos hemos centrado en lo urgente, en lo prioritario, en evitar el contagio y seguir adelante. Sin embargo, ha sido y está siendo un verdadero infierno para las personas afectadas por una enfermedad mental. Para estas personas, su red de apoyo o sus hábitos diarios han saltado por los aires, profundizando aún más en su desesperación.


- ¿De qué manera te ha afectado la pandemia a la hora de hacer fotografías?


- La situación ha sido un verdadero cambio para todos. Primero el aislamiento, que generó una situación inusual de ciudades vacías y terrazas llenas. Soy un fotógrafo de personas y las calles vacías fueron un verdadero reto para fotografiar lo que me interesaba. Y tras el confinamiento, cuando se abrieron de nuevo las calles, volvimos a salir un poco más desquiciados y temerosos que cuando empezó.

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