- Cuéntame Alba, ¿Cómo empiezas a hacer este tipo de piezas?

- Empecé en el Máster de Creación Artística Interdisciplinar de Málaga. Yo venía de la xilografía y tenía la idea de que con el vacío se podía crear una plenitud, una composición completa. En la xilografía, cuando con la gubia quitas el material, luego en la estampación, tienes toda la composición. Yo quería lograr eso, pero no en la madera y por eso lo empecé a llevar directamente a la materia.

- Fue un proceso de encuentro...

- Sí. No sabía muy bien cómo hacerlo, así que empecé a estudiar mucho el soporte con el que trabajaba: papel, lienzos, telas, maderas... Y empecé a experimentar cada vez más con papel y con tinta china, con agua, lejía, rasgando... hasta que un día, llegué a la cinta de carrocero. Y esto me dio un montón de posibilidades, ya no por la cinta, sino por los distintos gramajes del papel y gestualidades a la hora de arrancar la materia. Y ahí vi que podía hacer composiciones, que con el vacío estaba logrando esa plenitud compositiva, y a partir de ahí, seguí investigando.

- Entonces, ¿por qué dirías que te quedaste con este tipo de pieza o proceder?, ¿por qué encontraste un medio en el que te encontraste a gusto?

- Sí, precisamente por eso. Porque lo que quería reflejar, a parte del vacío y la plenitud, era un poco la huella, el desagarro, esa rotura de uno mismo reflejado en la materia. Tengo una obra, que se llama Recuerdo 1, que fue la primera que hice con tinta china y cinta de carrocero, y cuando la vi, me dije, “es justo esto, tengo que seguir por esta línea”, porque refleja un momento en concreto, el gesto con el que la he tratado, el sentimiento, por así decirlo, que forma ya parte de un recuerdo en esa obra.

- ¿Dirías entonces que tus piezas contienen parte de tu estado anímico?

- Esto no me resulta tan importante para la pieza, sino que me interesa más reflejar un estudio de la estética de la destrucción. Esto implica un conocimiento y autoconocimiento en la estética de la destrucción desde la parte teórica, que una vez que ya lo entiendo, puedo reflejarlo en la materia. Pretendo más reflejar el desgarro o un ritmo aplicado a la obra, que un sentimiento concreto, que ya ha sido asimilado anteriormente, como puede ser la necesidad destructiva que puede tener cualquier persona, pero ya canalizada a la obra.

- Cuéntame un poco cómo es ese momento en el que decides construir una pieza destruyéndola.

- La verdad, es que es algo que ya tenía en la cabeza desde siempre. En mi TFG traté el suicidio como un método de salvación. Siempre me ha interesado el ver la dualidad de las dos partes, la muerte en vida, el suicidio como una forma de salvación. Muchas personas son autodestructivas, yo misma lo soy, pero eso no tiene por qué ser algo malo, sino que le puedes dar otro tipo de vida a esa forma de actuar o de pensar, y transformarlo en algo bello, que es lo que pretendo. En aquel momento, yo tiré hacia el tema del suicidio, pero sin saber bien el porqué. Por eso es tan importante conocerse un poco primero a uno mismo, para luego poder reflejarlo en la pieza. Cuando llegué a una estética concreta, me di cuenta que eso era lo que yo quería decir. No sabría decirte exactamente por qué, pero en ese desgarro me veía a mí misma, esa abertura del papel que es lo que yo había hecho conmigo misma, al abrirme y entender qué estaba pasando.  

- Cuando observo tus piezas, veo sombras y luz, cortes y contraste. ¿Es por eso que tu obra parece hablar en contrapuestos, blanco, negro?

- Sí. Pero en realidad, utilizo el negro porque necesito un color que cubra el soporte, para que la destrucción sea visible. He probado con otros colores, pero no me interesan. Yo estoy hablando de la destrucción, y la destrucción es un segundo, tanto en la persona, en un objeto, como en la obra. Quiero que sea impactante y que haya un claro contraste entre lo que está destruido y lo que no. Siempre trabajo con un sólo color que permite abrir y conocer qué hay detrás de. Por eso el negro y el blanco, aunque el blanco sea el propio color del soporte.

- Me gustaría saber, ¿cómo llevas el ser artista?

- Es muy complicado. Hace ya cuatro o cinco años que me dedico a nivel profesional, y me gusta mucho ser artista, pero es complicado, porque ya no es que hagas la obra, es que llegues hasta la obra. Lleva un estudio de antemano, de conocer primero qué está pasando y aún más en mi caso, que es muy empírico al ser un estudio del ser, un estudio de la materia, y después conseguir que ambas cohesionen para darle a la obra un concepto. Después, haz las fotos de tus piezas, haz la página web, muévelo en redes, preséntate a concursos... es un constante. Y muchas veces no da el dinero suficiente. Eso sí, si lo hago es porque no me interesa hacer otra cosa, pero muchas veces necesitas material y tienes que ir tirando con lo que vas teniendo. Que en mi caso eso no es un problema porque al ser mi arte destructivo, incluso me ayuda a experimentar con otro tipo de materiales, y al final, eso forma parte de mi proceso de trabajo.

- Hay quien se preguntaría ¿entonces, por qué continúas?

- Pues mira, muchas veces hasta pierdes dinero. Yo para pagar el material he tenido que trabajar en muchas otras cosas: en hoteles, de camarera, en tiendas... Y todo esto es, a parte de mantenerme, para comprar material y poder seguir produciendo obra. Pero lo hago con gusto, porque mi proyecto es tan personal que tampoco quiero que nadie me haga ni siquiera un dossier. Es un vicio constante que da mucho trabajo pero que es muy satisfactorio cuando llega el momento y haces una exposición, y ya, no alguien que entiende de arte, sino que los amigos y familiares empiezan a conocerte mejor como persona a través de tus piezas. De hecho, al principio, cuando alguien me preguntaba sobre la estética de la destrucción, me daba miedo responder. Es mío y da miedo el qué van a pensar. Pero una vez lo teorízas y lo cuentas, te sientes comprendida y es maravilloso, o no, pero igualmente se abre un diálogo. Pero claro, todo esto es gracias a todo ese trabajo que hay detrás, que es mucho. Pero prefiero esto, que trabajar en cualquier otra cosa.

- ¿Cómo dirías que fue el proceso técnico que seguiste?

- Al principio no me gustaba tanto trabajar en madera, porque era más la madera la que me guiaba y no reflejaba tanto la estética destructiva, era una forma de trabajar más mecánica, pero en piezas como Taquigrama III, Taquigrama VI, Taquigrama IV , he conseguido poder aplicar la destrucción como quiero y no sentirme condicionada por la madera como soporte, reflejando el momento en las piezas. De hecho, quiero seguir trabajando con este material porque los resultados ya forman parte de mi estética destructiva.
Por otro lado, Estratos VII es de las primeras piezas que hice ensamblando el cartón, y ahí se aprecia otro tipo de gestualidad. Porque en las obras en papel como Undecim sí que se ve el contraste de blancos y negros, del papel con la tinta, y se puede apreciar el gesto en el desgarro, en el papel que muchas veces sobresale, pero en Estratos VII la gestualidad es completamente distinta, porque utilicé una piqueta. Y claro, se descarga otro gesto más directo, brutal, porque incide directamente en la materia, te permite ver la composición del material, y ves cómo va abriéndose y descomponiéndose. En este tipo de piezas, hasta el último momento, nunca sabes qué va a pasar. Además es adictivo, porque empiezas a golpearlo y no sabes cuándo vas a parar, es otro proceder, una energía destructiva distinta, más enérgica, te desinhibes más. Porque como artista, en el papel sí que vas guardando la composición estética, dónde están los blancos, dónde los negros... pero en este tipo de piezas no hay forma de verlo, es un trabajo más al azar.

- ¿Dirías que es más violento?

- Sí, parece más violento porque es lo que tenemos entendido por violencia, porque está el golpe, pero sobre todo, porque está el sonido. El sonido de un golpe lo asociamos más a algo más brutal, que no tiene por qué, porque el gesto de arrancar con la cinta de carrocero es más enérgico, pero no da esa sonoridad. Es muy diferente.

- Son muchos tipos de destrucción los que encontramos en tus piezas...

- Sí, por el momento he trabajado con soportes como el papel, cartón, madera y chapas. Los destruyo o altero con ayuda de cinta de carrocero, gubias, cúter, hacha, piquetas… Pero este es un proceso de investigación infinito, aún tengo que experimentar con otros muchos materiales y estudiar cómo tratarlos.  

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