Orlando Pelayo dice que no teme llamarse  a sí mismo “pintor de Historia”. Esta imprevista afirmación de valor —“no temo”- que le da un carácter tan singular a la frase, está justificada por algo que Aguilera Cerni señala: las connotaciones negativas (lo descriptivo, lo literario) del rótulo. Sin embargo, la expresión me parece espe-cialmente adecuada si consideramos que la Historia no es -tampoco- la realidad, sino una idea de la realidad; no los hechos, sino el relato (o más bien un correlato) de los hechos; no la vida, sino una interpretación, un signo de la vida. No hay nada de literario o anecdótico en el pintor de Historia que es Orlando Pelayo porque él trabaja sobre la idea, el correlato, el signo; es decir, con la Historia propiamente dicha, y no con el argumento o materia de la Historia.

“Pintor de Historia”. Extracto del artículo de Ángel González (Oviedo, 1925-Madrid, 2008). Premio Príncipe de Asturias de las Letras, 1985. Los Cuadernos del Norte. Nº 1, abril-mayo, 1980, pp. 43-47.

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