París, 1907. Con solo 25 años Pablo Picasso ya era considerado una estrella de la vanguardia. Un día fue a visitar a Gertrude Stein, con quien tenía una buena amistad, y allí se encontró con Matisse, que llevaba medio escondida entre la ropa una pequeña escultura afri-cana. Cuando Picasso la vio quedó maravillado, y ante la pregunta de dónde la había conseguido, Matisse, extrañado, le contestó que de una tienda de curiosidades. Picasso salió de la casa en un especie de trance en dirección al Museo Etnográfico de Trocadero para ver la colección de máscaras africanas. Los historiadores del arte fijan ese momento como fundacional, en el que supuestamente cambió el curso de la pintura y la escultura porque Picasso, al ver las máscaras, afirmó que había comprendido por qué era pintor. “Ese día debió de inspirarme Las señoritas de Aviñón”, dijo.

Producto añadido al wishlist

(Aplicar cupón dto. ATTYCK1A al finalizar compra)