- ¿Cómo empiezas a trabajar con el collage?

- Bien, siempre me he considerado una persona creativa y ya quería ser artista desde el instituto, pero cuando entré en la carrera de Bellas Artes vi que no sabía muy bien cómo expresarme.  Durante la carrera, probé con varias disciplinas como el dibujo, la escultura, la pintura... y ninguna me convencía. Yo quería expresarme, pero nada quedaba como lo que tenía en mi cabeza. Y fue un momento en el que encontré en la feria del libro unas estampas antiguas victorianas del siglo XIX reeditadas, y con ellas se me ocurrió empezar a trabajar, mezclándolas con telas o con objetos. Fue ahí cuando empecé a probar un poco. De hecho en la carrera tuve una asignatura que se llamaba grabado experimental, y se podría decir que ahí también hice algo de collage, porque combinaba punta seca, con monotipos, con transferencias, con papel de seda... Yo creo que fue ahí cuando el collage empezó a llamarme. Luego, cuando estuve viviendo en Valencia, un ilustrador que me gusta mucho, Julio Antonio Blasco, impartía un taller de collage. No es que él sea collagista, pero trabaja a veces con esta técnica. Pensé que podría estar bien, y ahí fue cuando dije... “buah, me encanta”. De hecho me salieron cosas muy interesantes, y un hombre que había allí, me escribió poco después diciéndome que mis obras destacaban y que le gustaría exponerlas. Y ya a partir de ahí, empecé a buscar cosas relacionadas con el collage. Estuve aquí en Madrid en una gymkana de collage en el rastro, que fue divertidísima, en otros talleres, en exposiciones...

- ¿Por qué el collage?

- Pues me gusta porque tengo una idea en la cabeza, y con el collage puedo llevarla a cabo. Y también está el juego, la improvisación, la magia del descubrimiento de algo que no te esperabas y de repente aparece en una revista una imagen que llevabas una semana ya buscando, o se te cae un trozo de papel encima de otro y crean una simbiosis perfecta... Esa parte me gusta mucho. Luego, aparte, me gusta mucho trabajar con las manos, la artesanía, el grabado...

- Una cosa que llama la atención en tu obra es que tiene un toque de imagen antigua y un contraste entre lo moderno y lo antiguo.

- Sí, aunque al principio no era consciente, esto es una cosa que actualmente tengo siempre en cuenta. Para mí es muy importante que tenga una armonía cromática y que las diferentes imágenes guarden también cierta relación: estética, histórica, cromática...  No puedo poner una imagen de los años 50 en blanco y negro con una viñeta de comic a color, si no tiene un sentido. El color de la tinta utilizada en la imprenta, la postura de la persona en la imagen... me gusta que interactúen y tengan una armonía visual y un sentido estético.

- Pero, ¿por qué utilizas tanto imágenes de épocas pasadas?

- Siempre me ha gustado mucho el mundo antiguo. De hecho, siempre he sido un poco viejuno, incluso de pequeño. Ya cuando iba de niño a tiendas de antigüedades, alucinaba, me parecía que todo tenía muchísimo encanto, que tenía magia. Y también me gusta la unicidad de las piezas, cuando ahora, todo está fabricado en serie. Antes, cada cosa tenía su motivo, estaba hecha con un fin. Es por eso que me parecen muy sugerentes las imágenes en sí. No sólo es la estética, sino también el papel amarillento, la tinta que se utilizaba entonces. Incluso los textos que aparecen en los libros de la época me resultan más interesantes que los de ahora.  

- Me da la sensación que en muchos de tus collages utilizas el humor.

- Sí. Me gusta la ironía de una manera sutil. No me gusta ser explícito con la imagen, sino que uno tenga que darse cuenta, como las pin ups de los años 50: sugerir sin mostrar. Me gusta que la persona se fije y saque su propia conclusión. Crear una imagen aparentemente normal y armónica, que quizás esconde algo más turbio al observarla con detenimiento.

- Tus collages parecen muy narrativos. Cuando creas, ¿tienes en mente la historia que quieres contar con el collage con el que estás trabajando?

- Pues a ver, según. Sí que he hecho algún proyecto muy ligado al texto, a la literatura, a la palabra. En estos casos, sí que ligo la imagen y el texto. En otras ocasiones, lo dejo más libre. Lógicamente, cuando hago uno, siempre tiene un significado, aunque no sea el previo que yo había pensado, sino que va saliendo solo. Aunque siempre me gusta que cada persona encuentre su propio significado cuando ve una de mis obras.

- O sea, que te gusta jugar con el espectador.

- Sí, mucho. Me gusta jugar con la dualidad y la polisemia de las imágenes.

- ¿Y cómo dirías que se complementan tu vida y tu faceta artística?

- A ver, para mí es muy importante el factor estético tanto en la vida como en el arte en general. Soy una persona que se mueve a través de estímulos visuales. Cuando voy por la calle, me voy fijando en los carteles, en los tejados, en el sombrero que lleva una señora... En todo lo que atrae mi mirada.

- ...te atrae la belleza...

- Sí.... bueno, la belleza es subjetiva y cada uno la puede buscar en un sitio. Me atrae también lo pintoresco. Hay mucha gente que opina que el arte tiene que provocar algo en el interior de la persona, aunque sea desagradable. Puede ser, aunque a mí me gusta más la parte agradable que la desagradable. Que te haga pensar, que te revuelva, pero que no sea incómodo o escatológico.

- Guillermo, ¿dirías que crear es una necesidad para tí?

- Sí. Necesito crear para desahogarme. Pasé una etapa muy mala, por ejemplo, y retomé el collage de manera terapéutica, para desconectar.

- En muchas de tus piezas aparece el elemento pareja, ¿por qué?

- Puede ser porque como trabajo sobre todo con imágenes de la primera mitad del siglo XX y de los años 60, hay muchas fotografías en las que aparecen parejas. Y da mucho juego la retroalimentación que tiene el uno con el otro.
 
- ¿Pero no porque quieras hablar del amor?

- Hombre, el amor siempre está presente, ya sabes, love is in the air. Es bonito hablar de ello. De todos modos, muchas de las parejas que aparecen no son tan románticas como aparentemente puede parecer. Si te fijas, siempre hay algo más. Puede no haber amor, sino interés, envidia o sumisión.

- ¿Siempre trabajas con papel?

- Es con lo que más trabajo, sí, pero aparte del papel, me gusta también expresarme con objetos, que es algo en lo que ahora estoy pensado en profundizar. También he trabajado con bordado, porque me gusta seguir investigando con los materiales.

- ¿Quieres comentar más detalladamente alguna de las piezas que expones a día de hoy en Attyck?

- Pues me gustaría hablar de Maleta de viaje. Esta fue una de mis primeras piezas y a la que guardo especial cariño. Habla de movimientos puntuales en la vida de una persona, no solo físicos sino también internos: pensamientos, dudas, decisiones importantes… Estos movimientos generan a menudo sensaciones no muy agradables: ansiedad, estrés, depresión… Estos estados de ánimo están muy presentes en nuestras vidas, especialmente en el siglo XXI. El ser humano tiende a cargar con sus problemas e ir de aquí para allá sin saber cómo desprenderse de ellos. Así, el caballero protagonista de esta obra propone aligerar el equipaje y dejar volar nuestra mente, pero sin perder el control.
Y sin duda también me gustaría comentar algo sobre Ellen & Rachel, porque es uno de mis collages preferidos por todo aquello que encierra. A primera vista parecen dos damas elegantes de paseo, parece que rezuman delicadeza por los cuatro costados. Sin embargo, hay que fijarse bien en ellas para percatarse de que ocultan algo: llevan determinados complementos de indumentaria fabricados con restos de vísceras, probablemente animales, aunque no estamos seguros. Tampoco sabemos la relación que guardan entre ellas, si es sentimental o un oscuro juego de perfidia y seducción para llevar a cabo sus planes más truculentos.

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