- Rocío, ¿cuál dirías que es la relación que tienes con tu obra?

- La relación que establezco con mi obra es totalmente experiencial, me gusta trabajar sobre la base de mis propias vivencias, de mi propia historia, pero sin dejar de lado la experiencia de otras mujeres y hombres. Aunque hago un acercamiento personal a los temas que abordo, trato de universalizarlos teniendo en cuenta las experiencias de los demás. Al principio trabajo mucho con las tripas y las emociones, para dejar entrar a la parte más racional en la etapa de la edición y en las decisiones sobre qué imágenes serán las que formen parte del corazón del proyecto.

- ¿Por qué fotografía?

- Creo que la fotografía tiene un poder evocador y de sugestión enorme. Para mí es muy ambivalente y eso me atrapa. Tiene la rotundidad de la imagen grabada en su superficie, pero tras ella hay todo un universo latente de significados conectado al mundo de las emociones y las sensaciones, que permite lecturas múltiples. En esa polisemia y en su carácter metafórico, creo que está su gran potencial. Para mí uno de los poderes de la imagen es no completarse a sí misma y dejar espacio al espectador para que sea quien complete el significado con su propia experiencia. Me gusta la fotografía que lanza preguntas para que cada uno busque sus respuestas, la imagen que hace reflexionar.
Aún así, aunque la fotografía es la base de mis trabajos, me gusta conectarla con otras artes visuales como el dibujo, la pintura o el collage, y así expandir aún más su capacidad de expresión.

- La figura de la mujer, aparece constantemente en tus piezas, ¿a qué se debe?

- Me interesa mucho los temas que afectan a las mujeres hoy en día, que son los temas que me preocupan a mí como mujer. La construcción de la identidad, sus condicionantes culturales y sociales, los vínculos, la maternidad, la herencia familiar o la memoria. En este trabajo que expongo en Attyck, Hilo, la figura de la mujer es clave, puesto que es una reflexión sobre la construcción de la maternidad y la influencia que ejercemos las madres en ella.

- ¿Qué hay en ese rojo que tanto utilizas en tus piezas?

- El color rojo es uno de los elementos que hace de hilo conductor en este trabajo. No es un rojo cualquiera, es un rojo de sangre espesa, de sangre cuando seca, muy orgánico y visceral, un poco hepático. Creo que el rojo es el color de las madres, es un color muy ambivalente, como la maternidad. Significa vida y fuerza, pero también puede representar muerte y dolor. Lo orgánico tiene mucho peso y flota en todo el trabajo, no hay duda de que todos nacemos de un vientre y que nuestro nacimiento está ligado a la sangre. El rojo es probablemente el primer color que ve y huele un recién nacido al nacer, y lo impregna todo. El rojo representa también la sangre, el linaje, esa herencia que pasa de mujer a mujer, de madres a hijas.

- En tus obras observamos personajes sin rostro, desdibujados, ocultos, vueltos a dibujar....

- En los ojos y en el rostro reside la identidad. La identidad, la ausencia de ella y su búsqueda están muy presente en la obra. La necesidad de búsqueda y de construcción de un modelo de maternidad diferente hace que desdibuje los rostros del pasado para tratar de redibujar uno diferente, el de una madre sin rostro definido que integre las contradicciones que conlleva ser madre sin culpas, naturalizando los conflictos. En el trabajo surgen interrogantes, ¿la maternidad es vivir sin rostro?, ¿es anular el rostro del otro?, ¿es ser anulada?.
También tiene mucho que ver con la memoria, tu fragilidad y su carácter fragmentario, y con cómo se desvanecen los recuerdos con el paso del tiempo; y con un cuestionamiento de la fotografía familiar como guardiana de esa memoria. Cuando yo me enfrenté al álbum familiar en busca de mi madre, allí solo encontré rostros y lugares conocidos, pero a ella, su esencia no la encuentro, y esa incapacidad de hallarla en la superficie de la imagen, es lo que quiero plasmar. Además aunque Hilo es un trabajo y un tema personal y muy autobiográfico, no quería personalizarlo en mí, quería tratarlo desde lo universal, desde lo que nos pasa a todas, y la ausencia de rostros, creo que ayuda a esa universalización y a que el espectador pueda relacionarse con la imagen desde su propia experiencia.

- ¿Te gustaría hablar más profundamente de alguna de las piezas que expones en Attyck?

- Sí. En primer lugar, me gustaría hablar sobre Dudas. Es una media foto que se completa pintando las emociones o sensaciones que surgen al mirarla. Hay que intervenir para reconstruir y para expandir el significado de la fotografía con lo que subyace tras la imagen, con lo que late. La culpa, las dudas, la madre que pone huevos. ¿Es la maternidad  simplemente tener hijos, poner huevos?. Un rastro de sangre en forma de huellas, son las huellas del pasado, de la herencia, de las madres anteriores a ella y a través de esta obra me pregunto, ¿La maternidad es culpa?, ¿es dudar constantemente?, ¿es soledad?, ¿es incomprensión?, ¿es aislamiento?, ¿es ocultación?.
También me gustaría mucho hablar de Vinculo 3 y Vínculo 4. En esta pieza vemos un hilo rojo que tapa los ojos de madre e hija, tapa su identidad. El hilo podría representar el cordón umbilical que une en el vientre a madres e hijos y luego ata, y también los vínculos que nos atan y nos condicionan. En los ojos está la identidad, por lo que el hilo o cordón, se convierte en una venda que borra la identidad, por algo que proviene de la herencia genética o cultural y que anula. Aquello que debía servir para construir identidad a la vez la anula. Me vuelvo a preguntar, ¿la maternidad es vivir sin rostro?, ¿es anular al otro?, ¿es ser anulada?

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