- ¿Cómo llegas al acero como soporte en pintura?


- El componente lineal de mi obra la acerca mucho al dibujo. Mis primeros bocetos con esta estética surgieron sobre papel, y a medida que fui profundizando en la temática de estos dibujos me di cuenta de que a la precisión y repetición de mis líneas quería añadir un componente natural y de azar. Y lo encontré en los metales y en su oxidación. Al principio trabajé con cobre y zinc, y en mis últimos trabajos me he quedado con los negros cromáticos del acero.

- La línea como protagonista, como onda, como compositora, está muy presente en las piezas que expones en Attyck. Cuéntanos un poco más sobre ella, ¿por qué comienzas a utilizarla de esta forma tan particular?


- En todas estas obras el proceso es tan importante como el resultado. Y eso se hace evidente a través de las líneas y de cómo están hechas. Dibujadas una a una, a mano alzada, son una representación del tiempo y el estado de concentración que se necesita para llevarlas a cabo. Siempre digo que, como humanos, cualquier acto, pensamiento o sentimiento, tiene una repercusión en nuestra identidad de cara a lo que haremos, pensaremos o sentiremos. De la misma manera, en mis dibujos, cada línea tiene su consecuencia en la siguiente. Los cambios quedan registrados, cualquier desviación que accidentalmente se produce en el recorrido de una de las líneas es “heredado” en cualquiera de las posteriores.

- De las piezas con esta técnica que expones en Attyck, ¿cuál dirías que es tu favorita?

- Qué pregunta más comprometida. Pero bueno, si he de escoger, elijo Naturaleza latente I. Quizás porque es la primera pieza con línea fina que hice en un formato mayor. Durante el proceso estuve especialmente motivado porque sabía que llevar esta técnica a ese formato iba a añadir a la serie un efecto óptico que en las piezas pequeñas sólo se presentía.

- Te defines como un artista multidisciplinar.  Háblanos un poco más sobre las disciplinas que más utilizas.

- Desde mis comienzos siento una responsabilidad como artista de hacer partícipe al público, y la performance me ha ofrecido muchas veces esa posibilidad. Es como mostrar el proceso de manera descarada. En algunas de mis performance ves a un tío pintando línea tras línea durante horas… es imposible que no te hagas preguntas. Me gusta que la obra termine en la mente del espectador. Por otro lado, la instalación me permite también ofrecer una interacción directa. Cuando son varias piezas las que conforman la instalación, siempre existe una especie de juego escondido para que el público se pregunte cómo se relacionan estas piezas entre sí.

- ¿Qué te atrae de la instalación como disciplina?

- En mi última etapa, la repetición de elementos simples y la búsqueda de algo real en este mundo escéptico en el que vivimos, me ha hecho sumergirme de lleno en las matemáticas como tema sobre el que desarrollar mis obras. Y en este contexto la instalación me parece prácticamente imprescindible. Para poder llevar los números a una representación estética necesito ser flexible y adaptarme. Y es algo que me gusta, ser capaz de escoger el medio adecuado para cada obra.

- En Attyck también expones una instalación, La Constelación Prima...

- Sí. Es una instalación que se basa en mis últimas investigaciones para hallar un orden visual para los números primos. Concretamente está asociada a una parte clave de ese proceso de investigación, en el que utilizar capas transparentes me llevó a comprender una concordancia dentro del caos que aparentemente representa este conjunto de números. La Constelación Prima es una instalación compuesta de 30 capas de metacrilato que dejan entrever la superposición de números primos sobre una matriz de 300 números. Se establecen así unas “posiciones primas” que son las que contendrán todos los números primos en el caso de que la instalación continuara hasta el infinito. Una especie de constelación que a partir del número 1289 ya no cambiará.

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